Escala la violencia en Jalisco: Encapuchados incendian accesos del Congreso y atacan el Palacio de Gobierno durante la Megamarcha por el Agua

· Redacción Pulso de México

Lo que comenzó como una exigencia ciudadana pacífica por agua limpia en la Zona Metropolitana de Guadalajara, terminó este domingo en disturbios, lanzamiento de bombas molotov y agresiones a la prensa tras la irrupción de grupos de choque.

GUADALAJARA, JALISCO (18 de octubre de 2026).— La crisis hídrica que azota a la Zona Metropolitana de Guadalajara detonó este domingo una jornada de caos y violencia en el corazón de la capital jalisciense. Durante la segunda "Megamarcha por el Agua", convocada para exigir un suministro de calidad, grupos de personas encapuchadas reventaron la manifestación pacífica, dejando a su paso incendios en edificios históricos, comercios vandalizados y un clima de tensión que obligó a replegar a familias y estudiantes.

El punto de ebullición de la protesta se alcanzó frente a los principales recintos del poder estatal. En el acceso principal del Congreso de Jalisco, individuos con el rostro cubierto arrojaron artefactos explosivos y bombas molotov, desatando llamas directamente contra las puertas de madera del recinto legislativo. Elementos policiales tuvieron que desplegarse de emergencia formando un cerco táctico para impedir que los agresores irrumpieran en el edificio, mientras el fuego consumía la entrada ante las cámaras de ciudadanos y medios de comunicación.

La violencia se replicó de manera simultánea en el Palacio de Gobierno. Alrededor de las 15:30 horas, la escalada de agresiones comenzó con el lanzamiento de globos con pintura, huevos y latas de aerosol contra la histórica fachada. Minutos después, los proyectiles subieron de calibre: botellas de vidrio y plástico destrozaron vitrales, mientras los encapuchados utilizaban cadenas para arrancar luminarias exteriores e impactaban vallas metálicas intentando derribar las puertas principales. En medio del caos, incluso se arrojaron artefactos incendiarios al interior del inmueble.

Agresiones a la prensa y rechazo ciudadano

El nivel de hostilidad no se limitó a los edificios gubernamentales. Colectivos de periodistas y camarógrafos de distintas televisoras fueron blanco de agresiones físicas y verbales por parte de los radicales, quienes, mediante intimidación, exigían que se detuvieran las grabaciones de los destrozos.

Sin embargo, el grueso de la manifestación —compuesto por familias, personas de la tercera edad y estudiantes que partieron por la mañana desde el Parque de la Revolución— se deslindó tajantemente de los actos vandálicos. Durante el trayecto, se registraron severos enfrentamientos verbales entre los manifestantes pacíficos y los provocadores. En un acto de hartazgo ante la detonación de barrenos y petardos, los propios ciudadanos confrontaron a los infiltrados, exigiendo a gritos que abandonaran la marcha. La presión civil llegó a tal grado que los manifestantes lograron retener a dos presuntos responsables de las detonaciones para entregarlos directamente a las fuerzas policiales.

Ante la falta de garantías de seguridad, el equipo de seguridad de los organizadores originales anunció la suspensión temporal de la ruta hacia el Palacio de Gobierno, aunque células dispersas decidieron continuar el avance por su cuenta.

El pronunciamiento del Gobierno

Previo a que las llamas alcanzaran los recintos públicos, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, emitió una advertencia sobre la presencia de grupos de choque. El mandatario confirmó que los propios organizadores de la marcha habían detectado la infiltración de personas armadas con palos, tubos y explosivos, quienes respondían con violencia a las peticiones ciudadanas de retirarse. Lemus hizo un llamado a mantener la protesta en el marco de la civilidad, asegurando que su administración actuaría con responsabilidad para evitar un enfrentamiento mayor.

Al caer la tarde, el balance de la jornada refleja un escenario complejo: la legítima exigencia de miles de tapatíos por una solución inmediata a la escasez y mala calidad del agua quedó eclipsada por el humo y los destrozos. Hasta el cierre de esta edición, las autoridades estatales no han emitido un saldo oficial sobre personas lesionadas o el costo total de los daños al patrimonio histórico, mientras la crisis del agua en Guadalajara continúa sin una resolución clara a la vista.