México conmemora el 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena

La fecha replantea la narrativa del llamado Día de la Raza y visibiliza la lucha histórica de los pueblos originarios frente al colonialismo.

· Redacción Pulso de México

Durante el siglo XX, el 12 de octubre se conoció en América Latina como Día de la Raza, una denominación asociada al mestizaje y a la herencia cultural de la presencia española en el continente. En México, sin embargo, esta etiqueta ha sido cuestionada por minimizar la violencia de la colonización y dejar en segundo plano la memoria de los pueblos originarios.

El gobierno de la Ciudad de México formalizó este cambio de enfoque en octubre de 2024, cuando la jefa de Gobierno, Clara Brugada, emitió una declaratoria que reconoce oficialmente el 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena. La medida contempla compromisos para registrar pueblos y barrios originarios, garantizar el derecho a la consulta y promover políticas contra el racismo y la discriminación.

La resistencia indígena arrancó durante la propia conquista y se extendió durante siglos. Tras la caída de Tenochtitlan en agosto de 1521 y la captura de Cuauhtémoc, las comunidades originarias respondieron con enfrentamientos armados, refugio en zonas de difícil acceso, rebeliones contra los tributos y alianzas estratégicas, lo que evidencia que los pueblos originarios no actuaron como un bloque homogéneo ni permanecieron pasivos frente al orden colonial.

La agenda indígena actual en el país incluye autonomía, protección territorial, participación política, educación intercultural y respeto a los sistemas normativos propios. Uno de los antecedentes centrales es la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre derechos y cultura indígena, en febrero de 1996, entre el gobierno mexicano y el EZLN, cuyo diálogo se rompió después de que las partes rechazaran la propuesta gubernamental.

De acuerdo con información de Infobae México, organizaciones indígenas como la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) vinculan esta resistencia histórica con amenazas contemporáneas como la minería, la tala ilegal, el agronegocio y los megaproyectos, y llaman a políticas ambientales que incorporen la participación directa de los pueblos nativos y respeten su autodeterminación.