Tres días de gas: el susto de Texas, la amenaza del diésel y la llave que México no controla
· Redacción Pulso de México
Sumario: Un recorte temporal de gas desde Texas no fue una decisión política de Washington. Pero llegó en pleno pulso por el T-MEC y volvió a exponer que México casi no tiene reservas, que importa tres cuartas partes de su gas y que enfrenta otra amenaza más concreta: la del diésel.
Los hechos
El 7 de octubre, el director del Cenagas, Cuitláhuac García, contó en la mañanera que EU había avisado que dejaría de enviar cerca de una quinta parte del gas de importación que toman los gasoductos nacionales. Pemex, CFE, Cenace y Sener coordinaron la respuesta. El Cenagas aclaró después que no fue una decisión de política pública ni un cambio en la relación energética bilateral, sino un mantenimiento programado en infraestructura de Texas que alimenta el punto de Inyección Ramones. La restricción fue parcial, afectó entre 950 y 1,350 millones de pies cúbicos diarios entre el 24 de septiembre y el 4 de octubre, y dejó intactos los otros 20 puntos de importación. A eso se sumó un evento imprevisto en la estación de compresión El Paso C, en Texas, que redujo aún más el flujo. México emitió una alerta preventiva y la levantó el domingo por la noche.
Varios titulares sugirieron que Washington había "cerrado la llave". Los datos disponibles no lo respaldan: el recorte coincidió con un aumento de la demanda de calefacción, y no hubo una decisión deliberada de suspender el suministro a México.
La vulnerabilidad es real
México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural y solo un tercio se produce en el país, según la Sener. La presidenta Sheinbaum afirmó que 75% del gas que consume México viene de Estados Unidos. Expansión maneja cerca de 70%, y BloombergNEF proyecta que el consumo seguirá creciendo y que la dependencia aumentará hacia 2030.
El problema mayor es la falta de colchón. García reconoció que no hay almacenamiento y que, con estrategias operativas, se podrían tener hasta tres días ante un corte de gas importado. Óscar Ocampo, del IMCO, advirtió que las reservas alcanzarían apenas para unas horas. El plan de elevar el almacenamiento a 10 días no se ha anunciado formalmente.
El frente político: el diésel y el T-MEC
La amenaza deliberada de hoy no es el gas, es el diésel. A finales de septiembre Trump respaldó prohibir las exportaciones de diésel por 90 días para contener los precios, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que se analiza la medida. Las importaciones cubren 38% del consumo mexicano, 98% de ellas viene de EU y el país tiene unos cinco días de inventario.
Hay frenos. N+ reportó que Macron aseguró que Trump se comprometió a no prohibir las exportaciones de diésel. Es una versión de segunda mano, sin confirmación de la Casa Blanca. El propio sector energético estadounidense advierte que una prohibición podría reducir la producción de otros combustibles y presionar precios. Y el exsubsecretario Luis de la Calle sostiene que restringir exportaciones violaría el artículo 2.11 del T-MEC, salvo excepciones previstas en el tratado y el GATT. Es la lectura de un exfuncionario mexicano, no de un panel de controversias.
El contexto lo vuelve más delicado. La USTR confirmó que no habrá renovación por 16 años en 2026 y que el tratado quedará sujeto a revisiones anuales; la revisión se lleva a 2027. Washington también anunció que priorizará las disputas energéticas, acusando a México de favorecer a sus "campeones nacionales" en petróleo, gas y electricidad.
Análisis político
1. El gas fue un accidente; el momento, no. Nada indica que Washington haya usado el gas como represalia. Pero el episodio ocurrió mientras Estados Unidos aprieta a México en varios frentes. En términos de poder de negociación, quien controla el energético ya tiene una palanca, la use o no.
2. La amenaza no necesita ejecutarse. Especialistas ya advertían que EU podría condicionar el acceso al gas para forzar concesiones en otros sectores. Hay señales en el Congreso estadounidense. El senador republicano Dan Sullivan presentó en 2024 y reintrodujo en 2025 un proyecto que prohibiría exportar gas estadounidense con la intención de reexportarlo desde terminales de GNL extranjeras, y que cita su preocupación por el sector energético mexicano. El proyecto sigue en comisión, sin dictamen. No es un corte de suministro a México, pero muestra que hay apetito legislativo por condicionar el flujo de gas.
3. Washington también perdería. México es un cliente enorme y estable para productores y gasoductos texanos. El precedente de 2021 es útil pero distinto: Texas priorizó el consumo doméstico durante la helada y 4.6 millones de clientes mexicanos sufrieron fallas eléctricas, una emergencia climática y no una represalia. Por eso el escenario más probable es la presión indirecta, no el embargo.
4. El discurso de soberanía va más rápido que los hechos. La narrativa oficial de soberanía energética se ha centrado históricamente en petróleo, refinación y CFE. El gas importado, que alimenta las plantas de ciclo combinado, ocupó menos espacio en el debate público. Esa es nuestra lectura, no un dato. El gobierno ha movido ficha: la estrategia del 8 de abril de 2026 plantea subir las renovables en la generación eléctrica de 24% a 38% en 2030, y la Sener busca producir 5 mil millones de pies cúbicos diarios de gas convencional en 2030. Esta semana Sheinbaum presentó una inversión de 1.16 billones de pesos en electricidad y gas natural en el sexenio, con 55 proyectos de transición, y ampliaciones de gasoductos por 53 mil millones de pesos de la CFE y 87 mil del Cenagas.
Pero son apuestas de mediano plazo, y la vulnerabilidad es de corto plazo. Además, el comité científico del propio gobierno recomendó no recurrir de inmediato al gas no convencional y agotar antes otras vías, como más gas convencional y eficiencia. Sheinbaum dijo que el gas no convencional en Coahuila está en revisión y que no debe competir con el agua para consumo humano. La salida de emergencia que se menciona en voz baja, el fracking, no está lista ni política ni técnicamente.
5. Una contradicción incómoda. Sheinbaum defendió proyectos como Amigo LNG, que exportan gas de EU a Asia desde México, argumentando que dejan capacidad de almacenamiento en el país. También dijo que ese proyecto no ha sido aprobado. La promesa de que sirva para la seguridad energética mexicana todavía no tiene fecha ni volumen, y choca con el proyecto de ley de Sullivan, que apunta justo a ese modelo.
Qué vigilar
- Si Trump formaliza o descarta la prohibición del diésel.
- Si la energía se convierte en condición formal en la revisión del T-MEC.
- Si el gobierno publica, por fin, el plan de almacenamiento con fechas y montos.
- El invierno en Texas, cuando la calefacción presiona las exportaciones.